Hoy es una mañana fría…

Hoy es una mañana fría…
de esas que llegan después de una noche de lluvia fina.
Decidí no hacer yin yoga en el tapete… pero tampoco quise dejar de hacerlo.
Mi cuerpo me lo pide.
Opté por llevar mi práctica a la cama:
3 minutos con las piernas arriba,
3 minutos en balasana,
3 minutos de torsiones de cada lado,
unos minutos más en mariposa,
otros en oruga…
y terminé en savasana, cómodamente, entre las sábanas.
Aunque no es lo "ideal", hay momentos en los que simplemente se adapta.
Mi cuerpo pide yin yoga, pero el clima me dice: detente.
Así que, en lugar de forzar, me escucho.
Recuerdo que soy cíclica.
Y que, como un reloj antiguo lleno de engranes,
puedo sincronizarme si aprendo a observarme.
Si la perimenopausia lo permite, y mi ciclo esta vez es exacto,
hoy será mi día uno de menstruación.
Eso significa invierno.
Un momento de introspección, de pausa, de ir hacia dentro.
De habitarme más que exigirme.
Un espacio breve —de 3 a 5 días— que vale la pena honrar.
Mientras tanto, en el cielo, la luna está en fase creciente:
energía de acción, intención y expansión.
Pero en mi cuerpo… la luna es nueva.
Un llamado a sembrar, a aquietarme, a escuchar.
Y además, estamos a finales de marzo.
La primavera comienza a asomarse, aunque el frío aún no se va del todo.
Todo convive.
Mi cuerpo en invierno.
El cielo en crecimiento.
La tierra en transición.
Y entonces lo entiendo:
No todo tiene que estar en el mismo ritmo para tener sentido.
Hoy no se trata de hacer más.
Se trata de escucharme.
De respetar el momento en el que estoy,
aunque el mundo me empuje a ir más rápido.
Desde ahí…
puedo mirar con claridad lo que sigue.
Y sembrarlo con intención.
Bienvenido Abril.
